Música nacionalista
El siglo XIX reacciona contra la unidad de ideas y estilos dictada por el neoclasicismo francés durante el siglo XVIII a la que cada pueblo opone la reafirmación y estima de sus propios valores nacionales. Las tradiciones nacionales, regionales e incluso locales, las leyendas, sagas y romances, los folklores (canciones y danzas), etc. se convierten en la cantera de la que el artista extraerá los elementos primarios de su arte.
El liderazgo musical hasta mediados del siglo XIX había sido ejercido por las grandes potencias de Francia, Italia, Alemania y Austria. Los demás países, con la excepción de algunos destellos en España e Inglaterra, no habían tenido la oportunidad de desarrollar un arte propio. Su vida musical, si existe, se reduce a importar ópera italiana y sinfonismo alemán.
En el siglo XIX diversos países de la periferia europea1, tomando conciencia de sus propios valores nacionales y tratando de liberarse de toda influencia cultural extranjera (especialmente del sinfonismo alemán y de la ópera italiana) tratarán de basar sus expresiones musicales en sus propios folklores. Los compositores nacionalistas harán una música basada los ritmos de sus danzas populares, en los rasgos modales de sus canciones, en las peculiaridades armónicas y aún en los instrumentos musicales típicos nacionales.2 En el caso de la ópera extraerán los argumentos de sus historias y leyendas tradicionales. La consecuencia más importante fue la ampliación del lenguaje musical centroeuropeo: nuevas organizaciones melódicas que rompieron definitivamente la hegemonía del sistema tonal bimodal con la recuperación de escalas modales, nuevas posibilidades rítmicas, nuevos timbres y colores, armonías más salvajes y primitivas, etc.
El nacionalismo cuaja plenamente a mediados de siglo. A partir de aquí será posible distinguir dos periodos nacionalistas claramente diferenciados:
El primero se desarrolla la segunda mitad del siglo XIX y tendrá características plenamente románticas. Casi todas las obras maestras el nacionalismo las crearon compositores formados en la tradición centroeuropea y con formas musicales clásicas y/o románticas bien experimentadas. El segundo periodo se da en el siglo XX y tendrá dos ramas: una que continuará el primer nacionalismo por razones de estética oficial (Rusia) y otra que tratará de renovar el lenguaje musical extrayendo los elementos renovadores de las esencias últimas de la música nacional (Falla en España y Bela Bartok en Hungría).
El liderazgo musical hasta mediados del siglo XIX había sido ejercido por las grandes potencias de Francia, Italia, Alemania y Austria. Los demás países, con la excepción de algunos destellos en España e Inglaterra, no habían tenido la oportunidad de desarrollar un arte propio. Su vida musical, si existe, se reduce a importar ópera italiana y sinfonismo alemán.
En el siglo XIX diversos países de la periferia europea1, tomando conciencia de sus propios valores nacionales y tratando de liberarse de toda influencia cultural extranjera (especialmente del sinfonismo alemán y de la ópera italiana) tratarán de basar sus expresiones musicales en sus propios folklores. Los compositores nacionalistas harán una música basada los ritmos de sus danzas populares, en los rasgos modales de sus canciones, en las peculiaridades armónicas y aún en los instrumentos musicales típicos nacionales.2 En el caso de la ópera extraerán los argumentos de sus historias y leyendas tradicionales. La consecuencia más importante fue la ampliación del lenguaje musical centroeuropeo: nuevas organizaciones melódicas que rompieron definitivamente la hegemonía del sistema tonal bimodal con la recuperación de escalas modales, nuevas posibilidades rítmicas, nuevos timbres y colores, armonías más salvajes y primitivas, etc.
El nacionalismo cuaja plenamente a mediados de siglo. A partir de aquí será posible distinguir dos periodos nacionalistas claramente diferenciados:
El primero se desarrolla la segunda mitad del siglo XIX y tendrá características plenamente románticas. Casi todas las obras maestras el nacionalismo las crearon compositores formados en la tradición centroeuropea y con formas musicales clásicas y/o románticas bien experimentadas. El segundo periodo se da en el siglo XX y tendrá dos ramas: una que continuará el primer nacionalismo por razones de estética oficial (Rusia) y otra que tratará de renovar el lenguaje musical extrayendo los elementos renovadores de las esencias últimas de la música nacional (Falla en España y Bela Bartok en Hungría).
La música en México de 1920 a 1940
La historia de la música mexicana de concierto ha transitado por varios periodos, corrientes estéticas y estilos musicales a lo largo del siglo XX. Empezó con un periodo romántico entre 1900 y 1920, y continuó con un periodo de afirmación nacionalista (1920-1950), ambos matizados por la presencia de otras corrientes musicales simultáneas; durante la segunda mitad del siglo confluyeron diversas tendencias experimentales y de vanguardia (a partir de 1960).
La producción de los compositores mexicanos del siglo XX es la más abundante de nuestra historia musical, y muestra un abanico muy amplio de prácticas musicales, propuestas estéticas y recursos composicionales. Para resumir la diversidad y la pluralidad de la música mexicana de concierto durante el siglo XX es conveniente referirse a tres periodos históricos (1870-1910, 1910-1960 y 1960-2000).
Eclecticismo: 1910-1960
Si algo caracteriza a la música mexicana de concierto durante las primeras seis décadas del siglo XX es el eclecticismo, entendido como la búsqueda de soluciones intermedias más allá de posturas extremas o hacia una sola dirección estética. El eclecticismo musical fue el punto de confluencia de diversos estilos y tendencias usados por los compositores mexicanos, aquellos que cultivaron más de un estilo musical o corriente estética durante su trayectoria creativa. Además, muchos compositores buscaron un estilo musical propio a través de la hibridación o mezcla estilística, a partir de las diversas corrientes estéticas que asimilaron de la música europea y americana.
En este periodo se aprecia que la mayoría de los compositores mexicanos siguieron un camino ecléctico, el cual les permitió aproximarse a varios estilos combinando elementos musicales nacionales o de otras corrientes. Las principales tendencias cultivadas durante el periodo 1910-1960 fueron, además de la nacionalista, la posromántica o neorromántica, la impresionista, la expresionista y la neoclásica, amén de otras excepcionales, como el llamado microtonalismo.
Durante la primera mitad del siglo XX la música y las artes no fueron ajenas a la gran influencia ejercida por el nacionalismo, fuerza ideológica que ayudó a la consolidación política y social de los países latinoamericanos en la búsqueda de una identidad cultural propia. Si bien el nacionalismo musical disminuyó su importancia en Europa hacia 1930, en América Latina continuó como una corriente importante hasta más allá de 1950. El México posrevolucionario favoreció el desarrollo del nacionalismo musical a partir de la política cultural aplicada por el Estado mexicano en todas las artes. Ancladas en la estética nacionalista, las instituciones culturales y educativas oficiales apoyaron la obra de artistas y compositores, y propiciaron la consolidación de una infraestructura musical moderna basada en la enseñanza y la divulgación.
Desde la época de José Vasconcelos, en la que se planteaba la necesidad de que todas las escuelas primarias contarán con profesores de música, a fin de que la música estuviera vinculada firmemente a la educación general, se han hecho planteamientos tendientes a lograr este objetivo.
En 1922 se creó la Dirección de Cultura Estética que tenía, entre sus funciones, la de atender la educación musical desde el nivel del jardín de niños, las primarias, la escuela normal para maestros, los centros de orfeón y la participación en festivales y actividades de difusión musical.
En 1924, “La SEP reduce en un 50% el profesorado y personal administrativo de la Dirección, con lo cual se cambia el nombre por el de Dirección Técnica de Solfeo y Orfeones. Se clausuraron 6 Centros de Orfeones de los 20 existentes, y de las 100 plazas para acompañantes de piano se aprobaron únicamente20.”
Por otra parte se planteó la necesidad de crear un buen programa de solfeo y canto coral para que los alumnos, al terminar su enseñanza elemental, tuvieran nociones artísticas. Encontramos, sin embargo, en esta época que sólo el 1% de los alumnos que termina el 6º grado de primaria se dedicaron a alguna carrera artística.
En 1925, se implantó el libro “Solfeo Especial para las Escuelas Normales y Primarias Superiores”, del maestro Miguel Castillo Marín, fungiendo como director del área Joaquín Beristán. También se creó la “Metodología del Solfeo” de Fernando González de la Peña, que es usado durante muchos años.
Para el año de 1972 “se atienden 136 Escuelas Nocturnas y se cuenta con 70 Profesores urbanos y 15 foráneos; 8 de orquesta típica y 18 de orfeón popular. En las clases de solfeo y canto coral se atiende a 23,400 niños y 25,780 niñas; en los Centros de Orfeón, a 4,000 obreros “. Se menciona que en esta época existió colaboración por parte de músicos profesionales dada la carencia de profesorado.
Entre las actividades extraescolares más frecuentemente citadas en esta época hallamos la participación en festivales populares al aire libre y en espectáculos populares en barrios marginados. Las fiestas escolares en los cines también cuentan con la cooperación de la Dirección.
La producción de los compositores mexicanos del siglo XX es la más abundante de nuestra historia musical, y muestra un abanico muy amplio de prácticas musicales, propuestas estéticas y recursos composicionales. Para resumir la diversidad y la pluralidad de la música mexicana de concierto durante el siglo XX es conveniente referirse a tres periodos históricos (1870-1910, 1910-1960 y 1960-2000).
Eclecticismo: 1910-1960
Si algo caracteriza a la música mexicana de concierto durante las primeras seis décadas del siglo XX es el eclecticismo, entendido como la búsqueda de soluciones intermedias más allá de posturas extremas o hacia una sola dirección estética. El eclecticismo musical fue el punto de confluencia de diversos estilos y tendencias usados por los compositores mexicanos, aquellos que cultivaron más de un estilo musical o corriente estética durante su trayectoria creativa. Además, muchos compositores buscaron un estilo musical propio a través de la hibridación o mezcla estilística, a partir de las diversas corrientes estéticas que asimilaron de la música europea y americana.En este periodo se aprecia que la mayoría de los compositores mexicanos siguieron un camino ecléctico, el cual les permitió aproximarse a varios estilos combinando elementos musicales nacionales o de otras corrientes. Las principales tendencias cultivadas durante el periodo 1910-1960 fueron, además de la nacionalista, la posromántica o neorromántica, la impresionista, la expresionista y la neoclásica, amén de otras excepcionales, como el llamado microtonalismo.
Durante la primera mitad del siglo XX la música y las artes no fueron ajenas a la gran influencia ejercida por el nacionalismo, fuerza ideológica que ayudó a la consolidación política y social de los países latinoamericanos en la búsqueda de una identidad cultural propia. Si bien el nacionalismo musical disminuyó su importancia en Europa hacia 1930, en América Latina continuó como una corriente importante hasta más allá de 1950. El México posrevolucionario favoreció el desarrollo del nacionalismo musical a partir de la política cultural aplicada por el Estado mexicano en todas las artes. Ancladas en la estética nacionalista, las instituciones culturales y educativas oficiales apoyaron la obra de artistas y compositores, y propiciaron la consolidación de una infraestructura musical moderna basada en la enseñanza y la divulgación.
Desde la época de José Vasconcelos, en la que se planteaba la necesidad de que todas las escuelas primarias contarán con profesores de música, a fin de que la música estuviera vinculada firmemente a la educación general, se han hecho planteamientos tendientes a lograr este objetivo.
En 1922 se creó la Dirección de Cultura Estética que tenía, entre sus funciones, la de atender la educación musical desde el nivel del jardín de niños, las primarias, la escuela normal para maestros, los centros de orfeón y la participación en festivales y actividades de difusión musical.
En 1924, “La SEP reduce en un 50% el profesorado y personal administrativo de la Dirección, con lo cual se cambia el nombre por el de Dirección Técnica de Solfeo y Orfeones. Se clausuraron 6 Centros de Orfeones de los 20 existentes, y de las 100 plazas para acompañantes de piano se aprobaron únicamente20.”
Por otra parte se planteó la necesidad de crear un buen programa de solfeo y canto coral para que los alumnos, al terminar su enseñanza elemental, tuvieran nociones artísticas. Encontramos, sin embargo, en esta época que sólo el 1% de los alumnos que termina el 6º grado de primaria se dedicaron a alguna carrera artística.
En 1925, se implantó el libro “Solfeo Especial para las Escuelas Normales y Primarias Superiores”, del maestro Miguel Castillo Marín, fungiendo como director del área Joaquín Beristán. También se creó la “Metodología del Solfeo” de Fernando González de la Peña, que es usado durante muchos años.
Para el año de 1972 “se atienden 136 Escuelas Nocturnas y se cuenta con 70 Profesores urbanos y 15 foráneos; 8 de orquesta típica y 18 de orfeón popular. En las clases de solfeo y canto coral se atiende a 23,400 niños y 25,780 niñas; en los Centros de Orfeón, a 4,000 obreros “. Se menciona que en esta época existió colaboración por parte de músicos profesionales dada la carencia de profesorado.
Entre las actividades extraescolares más frecuentemente citadas en esta época hallamos la participación en festivales populares al aire libre y en espectáculos populares en barrios marginados. Las fiestas escolares en los cines también cuentan con la cooperación de la Dirección.
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